REFLEXIÓN
Rosario fue cabecera, empalme o terminal para no menos de nueve líneas férreas diferentes, además de poseer un ferrocarril portuario con trocha mixta, así como numerosos desvíos particulares, algunos de los cuales tuvieron o tienen su propia red interna; tales antecedentes nos permiten calificarla como el mayor centro ferroviario del interior del país. Es evidente que el riel constituyó uno de los factores decisivos para el incontenible desarrollo que experimentó Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. No obstante ello, la relación de sus habitantes con el ferrocarril sufrió ostensibles cambios desde aquel día de 1864 en que el desembarco de los primeros rieles a orillas del río Paraná se festejó jubilosamente. El ferrocarril fue en nuestro medio un gran generador de empleos; legiones de trabajadores se desempeñaron en estaciones, depósitos, muelles, patios y talleres, estableciéndose con sus familias en barrios que crecieron en torno a las vías férreas integrándose a la vida comunitaria, conformando al mismo tiempo manifestaciones sociales, culturales, religiosas y deportivas que contribuyeron a perfilar la fisonomía rosarina. Los tramos ferroviarios entre Rosario y Retiro han sido por cien años los de mayor tránsito de pasajeros interurbanos, así como escenario de los recorridos más veloces registrados sobre los rieles argentinos. Pero esto ya es historia. El Estado argentino se despojó de los ferrocarriles que administró desde 1948 y el país ha sido mucho más pobre por ello. Factores internos y externos al ferrocarril coincidieron para dar como resultado una paulatina declinación, sin una política de transporte coherente, en ausencia de un ente federal de administración y explotación, maduró un concepto público de indiferencia (cuando no de adversidad) hacia el ferrocarril. Esto resulta inaceptable en la Argentina si se toma en cuenta que tuvimos la más extensa red ferroviaria de Sudamérica y que el riel es el modo más económico, seguro, ecológico y eficaz para el transporte de media y larga distancia. Cualquier ciudad importante en el mundo tiene varias estaciones de ferrocarril en distintos puntos de su ejido, siendo a su vez nudos de combinación con el transporte urbano. En el mundo del siglo XXI, una ciudad, e incluso un país, sin transporte ferroviario será sencillamente impensable… Asegurémonos de que Rosario y su región no pierdan el tren del mañana
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